Causó revuelo el pasado 20 de julio cuando se “destapó” en Estados Unidos: en entrevista con Jorge Ramos, de Univisión, aceptó que sí aspira a ser postulado por el PRD candidato a la Presidencia en 2012. Consciente de que tal pretensión tarde o temprano podría obligarlo a enfrentarse sin cuartel con su antecesor, el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Luis Ebrard Casaubón, trató de escurrir el bulto afirmando que cualquiera de los 2 que «esté mejor posicionado dentro del partido» podría quedarse con la nominación.
Algunos analistas consideraron que la declaración era parte de una estrategia seguida por Ebrard para distraer a la opinión pública de la tragedia ocurrida el 20 de junio en la discoteca New’s Divine (al norte de la ciudad) en la que un operativo policiaco mal realizado resultó en la muerte de 9 adolescentes y 3 policías y que culminó con la caída del ahora ex secretario de Seguridad Pública, Joel Ortega, y del ahora ex procurador capitalino Rodolfo Félix; otros, en cambio, lo vieron como un intento de Ebrard por no perder reflectores luego de la “consulta ciudadana” sobre la reforma petrolera que el GDF realizó el pasado 27 de julio a instancias de López.
El destape de Ebrard no fue la primera escaramuza entre ambos perredistas sobre dicho tema, pues cada vez más miembros del partido aseguran —aunque sea en voz baja y mirando a otro lado, para que López no se irrite— que el tabasqueño es un “cartucho quemado” y conviene apoyar al hoy jefe de Gobierno si de veras quieren ganar las elecciones en 2012.
Al decir de los analistas los primeros visos de la futura disputa se dejaron ver en mayo pasado, cuando en una gira por Michoacán López aceptó que Ebrard podría ser candidato. En esa ocasión el jefe de Gobierno evadió los inevitables cuestionamientos diciendo que aún no era tiempo de pronunciarse, pero añadió que no lo “dieran por muerto” (en alusión a una frase repetida durante años por su ex patrón cuando le preguntaban sobre sus planes políticos) sino por «vivo pero trabajando».
Las declaraciones de Ebrard inclusive llevaron a Manuel Camacho Solís, mentor político del jefe de Gobierno y uno de los principales asesores de López, a admitir que su destape afectaría la consulta. Por su parte, el presidente sustituto del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo —miembro de la “tribu” Nueva Izquierda, rival de Izquierda Unida, que apoya a Ebrard—, trató de frenar el futurismo del gobernante y aseguró que «Nadie tiene asegurada la candidatura del PRD».
Primeros pasos
La entrevista con Univisión no marcó la primera ocasión en que Ebrard recurre a medios de comunicación extranjeros para promocionarse: poco después de que resultó electo Jefe de Gobierno del DF, el diario parisino Le Monde lo presentó como «el nuevo rostro de la izquierda mexicana: más europeo, más tecnócrata, descendiente de emigrantes franceses... un hombre grande y elegante, de piel clara, que seduce a los habitantes de las zonas acaudaladas».
Nacido en la Ciudad de México hace 48 años, Ebrard es el mayor de los 7 hijos de una pareja de ascendencia francesa. Amante de los vinos y la cocina gala, habla inglés y francés y es asiduo lector de las novelas de Alejandro Dumas y Émile Zola.
Tras cursar la educación básica y media en escuelas privadas —en las que destacó por su habilidad para jugar tenis y basquetbol y sus altas calificaciones— se matriculó en 1977 en El Colegio de México para estudiar relaciones internacionales. Entre sus profesores figuró Manuel Camacho Solís, con quien forjó sólida amistad antes de partir a Francia para cursar un posgrado en planeación y administración pública en la Escuela Nacional de Administración Pública de París.
En 1978 Ebrard se había afiliado al PRI y a lo largo de la década siguiente escaló puestos en el partido y en la administración pública al amparo de su “padrino” Camacho: cuando éste fue nombrado subsecretario de Desarrollo Regional de la extinta Secretaría de Programación y Presupuesto empleó a Ebrard como asesor, para luego ascenderlo a director de Programas Especiales y finalmente a jefe de la Unidad de Información Documental.
Nueve años más tarde, en 1987, Camacho fue designado secretario de Desarrollo Urbano y Ecología y llevó a su protegido como coordinador de asesores; idéntico cargo le encomendó en 1988, cuando fue secretario general del PRI. A fines de ese año Camacho ocupó la regencia del DF y el joven Ebrard recibió sucesivamente la Dirección General de Gobierno y la Secretaría General de Estudios y Proyectos de la capital.
Brillo y caída
En 1992 ocurrieron 2 acontecimientos trascendentales en la vida de Ebrard: contrajo nupcias con Francesca Ramos Morgan (con quien duró casado una década y procreó 2 mujeres y un varón) y ascendió a secretario general de Gobierno del DF, cargo en el que atestiguó muchas de las maniobras de Camacho para ostentarse como el más influyente estratega político del régimen. Una de esas maquinaciones fue el financiamiento de marchas y plantones en el zócalo capitalino para luego “ofrecerse” a solucionar los conflictos.
Consciente de que debía su carrera burocrática a su mentor, Ebrard se mantuvo a su lado en noviembre de 1993, cuando el “dedazo” presidencial no lo favoreció. Unos días después, al ser designado secretario de Relaciones Exteriores, Camacho colocó a su amigo como subsecretario. No duraron mucho en aquellas oficinas: al comenzar el año siguiente ocurrió el levantamiento del EZLN en Chiapas y el ex regente fue designado Comisionado para la Paz y se instaló con su corte —Marcelo incluido— en San Cristóbal de Las Casas para negociar con los insurrectos.
En el primer trimestre de 1994, cuando el comisionado se ocupó de alimentar los rumores que lo presentaban como “candidato alterno” a la Presidencia, Ebrard actuó como su oficioso “jefe de campaña”. Tras la vorágine desatada por el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, Camacho fue defenestrado y él y su pupilo debieron mantenerse lejos de los reflectores.
Tras renunciar al PRI en el verano de 1995, ambos se refugiaron en una casona de la colonia del Valle, al sur del DF, perteneciente a la abuela materna de Ebrard, con la idea de crear la Fundación Democracia y Desarrollo, supuestamente dedicada a la investigación de temas sociales y políticos, aunque no publicaron ni siquiera un ensayo.
Dos años después Ebrard encontró una ocupación más redituable: ganó una curul en la Asamblea Legislativa del DF, postulado como “candidato externo” del Partido Verde Ecologista de México. Aunque su actuación como legislador fue discreta, le sirvió para conseguir algunas canonjías a grupos de tianguistas afines a Camacho y convencerlos de apoyarlo en sus esfuerzos por formar el Partido de Centro Democrático (PCD).
Gestión cuestionable
Luego de que el PCD obtuvo su registro provisional, Ebrard fue postulado en 1999 a la Jefatura de Gobierno del DF, aunque renunció a principios del año siguiente por órdenes de su “padrino” para entregar la candidatura a López Obrador. La aportación del PCD a la votación total de López fue insignificante (2.1%) pero resultó fundamental para apuntalar la apretada victoria del perredista sobre el panista Santiago Creel Miranda (con una diferencia de 5 puntos porcentuales).
En febrero de 2002 López pagó el favor al designar a Ebrard secretario de Seguridad Pública; un año después hizo que el PRD obsequiara a Camacho una diputación federal plurinominal. Para entonces René Juvenal Bejarano Martínez, uno de los “líderes populares” creados por el ex regente capitalino, ya se había colocado como el principal operador político del tabasqueño.
El desempeño de Ebrard al frente de la Secretaría de Seguridad Pública fue poco eficaz: durante su gestión hubo 7,000 secuestros en la capital (44% de los ocurridos en el país), lo cual, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia, convirtió al DF en la 2a metrópoli del mundo en cuanto a la incidencia de este delito; también ocupó el 1er lugar mundial en asesinatos de conductores para robarles el auto y en asaltos a transportes de carga. Entre 2002 y 2004 la venta de drogas al menudeo en la ciudad creció 570%, según reportes de la PGR.
Aunque el secretario de Seguridad Pública quiso proyectar una imagen de eficiencia y para lograrlo contrató los servicios de Rudolph Giuliani y Gianluca Orlando, ex alcaldes de Nueva York y Palermo, de nada sirvió el gesto, pues las recomendaciones que hicieron fueron a parar al cesto de la basura.
El mayor escándalo enfrentado por Ebrard como jefe policiaco acaeció el 23 de noviembre de 2004: esa tarde 3 agentes de la Policía Federal Preventiva fueron secuestrados, sometidos a “juicio popular” y linchados por una multitud enardecida en el barrio de San Juan Ixtayopan, en Tláhuac, al sureste del DF. Los agentes indagaban la actividad de grupos armados y traficantes de drogas presuntamente ligados al EPR. Versiones jamás desmentidas señalan que Ebrard departía con amigos en un lujoso restaurante de Polanco cuando le informaron de los hechos y no quiso interrumpir la reunión para atender un «simple pleito callejero». La tardanza con que sus subalternos decidieron actuar costó la vida a 2 de los policías linchados.
Aliados tenebrosos
Su actuación, calificada de irresponsable por los medios, hizo que Ebrard terminara destituido en diciembre siguiente por el entonces presidente Vicente Fox. López Obrador justificó en todo momento a su colaborador y trató de oponerse a la decisión presidencial con su clásica estrategia de marchas y mítines, que en esa ocasión no funcionó. Decidido a mantener a su aliado en el candelero, López lo nombró secretario de Desarrollo Social, para que estrechara relaciones con grupos clientelares (ancianos, lisiados y madres solteras) y fortalecer su eventual candidatura a la Jefatura de Gobierno en 2006.
En los círculos panistas se atribuyó el premio a la diligencia con la cual Ebrard cumplió la principal tarea que López le habría encomendado al frente de la policía: recaudar millones de pesos entre la mafia policiaca conocida como “La Hermandad” con el fin de financiar la campaña presidencial perredista. Al cabo, Ebrard se quedó con la candidatura a la Jefatura de Gobierno luego de superar en elecciones primarias a Jesús Ortega Martínez y a Pablo Gómez Álvarez, cuyas huestes fueron aplastadas por las organizaciones lopistas —comenzando por el Frente Popular Francisco Villa (FPFV), seguido por la Unión Nueva Tenochtitlán y la Asamblea de Barrios— que, regenteadas por René Bejarano y Dolores Padierna —antiguos protegidos de Camacho y, por ende, aliados del flamante jefe de gobierno—, controlan la dirección del PRD capitalino.
Tal vez porque la atención de los mexicanos fue acaparada por la elección presidencial, la contienda capitalina pasó casi inadvertida, lo cual fue aprovechado por Ebrard para eludir explicaciones tanto de su desempeño como funcionario público, como por haber colocado en la coordinación de “asuntos sociales” de su campaña a Alejandro López Villanueva, alias “El Grandote”, uno de los líderes del FPFV.
En las elecciones del 2 de julio Ebrard obtuvo 47.19% de los votos, seguido por el panista Demetrio Sodi (27.54%) y la priista Beatriz Paredes (21.89%). Su triunfo fue apuntalado por los que obtuvo el PRD en 14 de las 16 delegaciones del DF y en 36 de las 40 diputaciones locales (la mayoría de los funcionarios y representantes electos provienen de la “tribu” controlada por Bejarano y Padierna).
A los pocos días de las elecciones Ebrard casó en segundas nupcias con Eva Mariagna Prats, una actriz y pintora capitalina. La pareja recibió la bendición en la Iglesia Catedral Maronita de Nuestra Señora de Valvanera y, luego de una discreta recepción en el Museo José Luis Cuevas, en el corazón del DF, partió de luna de miel a Los Cabos.
Sin temor a poner en entredicho su reiterada preocupación por los pobres, Ebrard y su hoy esposa abrieron en El Palacio de Hierro una mesa de regalos con 70 artículos, lo mismo una cuchara de 235 pesos, que una vajilla de 93,000, pasando por un juego de cubiertos de 82,000 pesos, una cafetera para 30 tazas valuada en 35,400 y 24 platos de 3,000 pesos cada uno. La pareja abrió otra mesa en la mueblería Roche Bobois, ubicada en San Jerónimo Lídice, al sur del DF. Entre los regalos, con precios estipulados en dólares, figuraron una recámara de roble cuyo costo ascendía a 17,346 dólares; una sala modular en piel color rojo de 17,479 y un televisor con pantalla de plasma de 42 pulgadas de 25,500 dólares.
No todo ha sido color de rosa para el Jefe de Gobierno: a mediados de julio de 2006 el comité regional del PAN en el DF lo acusó ante el Instituto Electoral del Distrito Federal de haber gastado en su campaña alrededor de 300 millones de pesos, 6 veces el tope autorizado (48 millones). Por supuesto, él lo negó y al cabo la denuncia cayó en el olvido.
El mayor problema al inicio de su gobierno lo enfrentó al interior del PRD, cuyas corrientes se disputaron los puestos en la nómina del gobierno capitalino, sobre todo porque muchos perredistas aspiraban a recibir “hueso” en la administración federal si López alcanzaba la Presidencia y luchaban para no quedarse fuera del presupuesto. Para calmarlos, Ebrard decidió posponer la integración de su equipo y sumarse a las movilizaciones organizadas por su partido.
Pese a que a final de cuentas el Tribunal Electoral de Poder Judicial de la Federación confirmó el triunfo de Felipe Calderón en las elecciones, Marcelo Ebrard se ha negado sistemáticamente a reconocerlo en público como presidente de la república, aunque en los hechos su gobierno trabaja en conjunto con el federal.
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