Nuevas armas contra los infartos cerebrales.
Por Mariana Chávez

Hasta hace un año quienes los sufrían estaban condenados a morir o quedar discapacitados. Hoy un fármaco casi olvidado puede cambiar las cosas.

A mediados del año pasado Susana Enríquez (nombre ficticio) sufrió un infarto cerebral, producto de una trombosis en la arteria cerebral media, que de no terminar con su vida seguramente la dejaría atada a una silla de ruedas.

A mediados del año pasado Susana Enríquez (nombre ficticio) sufrió un infarto cerebral, producto de una trombosis en la arteria cerebral media, que de no terminar con su vida seguramente la dejaría atada a una silla de ruedas. Para su fortuna, desde 1999 investigadores del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNyN) desarrollan un fármaco neuroprotector capaz de inhibir la muerte de las neuronas y lograr que los pacientes recuperen hasta el 70% de las funciones motoras afectadas (antes no alcanzaban ni el 5%). Tras ser tratada con dicho medicamento —basado en el dapsone, antaño utilizado para combatir la lepra—, la mujer, de 50 años de edad, salió del hospital por su propio pie y 4 meses más tarde volvió al trabajo.

El doctor en farmacología Camilo Ríos, jefe del laboratorio de neuroquímica del INNyN e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), explica que el infarto o trombosis es la muerte de una zona del cerebro por la obstrucción o perforación de una arteria o vena cerebral, que obstaculiza la irrigación sanguínea. Durante el evento mueren casi instantáneamente las neuronas que se encuentran en el centro de la lesión; horas más tarde se ven afectadas las zonas aledañas, lo cual resulta en el deceso del 20% de los pacientes mientras el resto sufre pérdida de movilidad, del habla, de la memoria o de la capacidad de aprendizaje.

El infarto cerebral es la primera causa de muerte en el mundo (en México, la 5a) y afecta principalmente a personas de 50 años de edad en adelante. Entre los factores de riesgo se encuentran el tabaquismo y la diabetes, y estas afecciones han desembocado en que cada vez más personas jóvenes se vean aquejadas por eventos cerebrovasculares.

Serendipia
En 1999 el doctor Ríos leyó por casualidad un estudio que aseguraba que el dapsone —ya casi descontinuado y que en México sólo se fabricaba de manera artesanal en la UAM— servía para combatir las crisis epilépticas. Discurrió entonces llevarlo al INNyN, donde lo probaron con ratas.

Los resultados los asombraron, pues Ríos y sus colegas descubrieron que el medicamento no sólo disminuía la frecuencia e intensidad de las crisis, sino que atemperaba el daño cerebral asociado. A continuación diseñaron un protocolo de investigación para aplicarlo en pacientes que llegaban al INNyN con trombosis muy graves, con quienes comprobaron que mientras más rápido recibieran la medicina menor era el daño neuronal.

Hoy los investigadores buscan sintetizar el fármaco para hacerlo inyectable (la presentación oral es de efectos más lentos) y de acción más rápida, pues la mayoría de las personas suelen ser atendidas después de 5 horas de ocurrido el evento cerebrovascular. Entre las razones del retraso se encuentran la confusión de los síntomas (dolor intenso de cabeza y pérdida de conocimiento) con los de la migraña y la necesidad de someter a los enfermos a varias pruebas para establecer el diagnóstico.
—La idea es que el fármaco se administre en la ambulancia o tan pronto lleguen a la sala de urgencias, aun sin un diagnóstico previo —explica Ríos—, pues se ha comprobado que de no tratarse de un infarto cerebral no causa efectos secundarios y en todo caso permite ganar tiempo.

Las conclusiones del estudio se publicaron en abril de 2007 en la revista especializada Neurological Reserch y hoy los investigadores están a la espera de la aprobación de la Secretaría de Salud de México y la FDA estadounidense para su distribución nacional e internacional. Un laboratorio mexicano estará a cargo de la producción a gran escala. Mientras tanto, los especialistas exploran la utilidad de este fármaco para tratar otras enfermedades.

—Hemos probado la dapsona en personas con epilepsia resistente a fármacos, que sufren crisis cada tercer día —expone—. También convenimos con el hospital de Magdalena de las Salinas del IMSS probarlo en casos de traumas en la médula espinal, en su mayoría ocurridos a jóvenes de 25 a 35 años. En estas lesiones, al igual que ocurre con el cerebro, al pasar las horas mueren las neuronas circundantes al área afectada, lo cual suele desembocar en parálisis.

La dapsona también podrá ser usada, estima Ríos, para tratar la hipoxia (falta de oxígeno) al nacer y en traumas craneales, muy frecuentes en los jóvenes.