nes de años la región era un mar de aguas poco profundas, pero un poderoso plegamiento de la corteza terrestre dio nacimiento a la Sierra Madre Oriental (a la cual pertenece la Gorda), lo que explica las abruptas fallas, fracturas y deformaciones de su orografía y que resultan ideales para el ecoturismo o simplemente disfrutar de una vista inolvidable.
La Sierra Gorda es la Reserva de la Biosfera mexicana con mayor diversidad de ecosistemas, desde un semidesierto con 5 millones de años de antigüedad hasta los bosques de niebla de montaña y los oscuros y mágicos bosques de enebro o juniperus, árboles de más de 400 años de edad, lo cual los hace poseedores de historias extrañas que a los serranos les gusta imaginar y contar a los visitantes.
La Reserva —decretada en 1997— tiene casi 400,000 hectáreas y ocupa el 33% del territorio del estado de Querétaro. Es la casa de 2,308 especies de plantas —entre ellas 32 de encinos—, 127 de hongos, 131 de mamíferos (zorras grises, venados cola blanca y temazate —chacalito—, tejones, armadillos, ardillas, conejos, zorrillos, viejos de monte —tepemiches—, tlacuaches y musarañas, entre otros), 104 de reptiles, 327 de aves (trogones, carpinteros, gavilanes, halcones selváticos y codornices, entre otras) y 650 de mariposas diurnas. En cuanto a anfibios y reptiles, es la 2a reserva más rica a nivel nacional, sólo superada por Los Tuxtlas, en Veracruz. También es la más rica en mamíferos por la presencia de osos negros y las 6 especies de felinos del país: jaguares, pumas, linces, ocelotes, yaguarundis y tigrillos.
Chichimecas y totonacas habitaron la zona y dejaron tras de sí más de 500 sitios arqueológicos; también fue una ruta comercial entre la costa y el centro del país. En la Colonia hubo 5 misiones franciscanas que datan del siglo XVIII, hoy declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.
Algunas de sus 638 comunidades destacan por su activimismo en la conservación y desarrollo sustentable, resultado de la constante educación ambiental y capacitación impartida por organizaciones como el Grupo Ecológico Sierra Gorda, que impulsa el ecoturismo en las comunidades más pobres. También participan la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y organismos internacionales como el Fondo para el Medio Ambiente y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para equipar y capacitar a los ejidatarios en el manejo y administración de sus proyectos y en el cuidado y conservación de la naturaleza.
Gallina endémica
San Juan de los Durán se ubica a 6 horas de la ciudad de Querétaro y a 2 de Jalpan de Serra, en el costado este de la sierra. Es una de las zonas más conservadas de la reserva y ahí se halla el albergue Ojo de Agua, donde se puede pernoctar en cabañas ecológicas de madera que se abastecen de luz por medio de celdas solares. Cuentan con comedor y salón de usos múltiples y sus servicios incluyen la renta de casas de campaña y de caballos. También se pueden compartir algunas actividades con la comunidad, como la elaboración de pan y la carpintería.
Esta cima se encuentra a una altura de 2,960 metros sobre el nivel del mar y está cubierta de bosques templados de coníferas y encinos. Sobresalen los robustos guayames y cedros blancos, típicos del bosque de niebla, así como las cícadas, casi unos fósiles vivientes. En los bosques de esta área encuentra refugio una de las aves más raras y amenazadas de México, el chivizcoyo, una especie de gallina endémica. Aunque ha perdido la mayor parte de su hábitat por las actividades agropecuarias, aún existen poblaciones sanas de esta ave, que acostumbra moverse en grupos y come frutos y semillas.
Cerca de San Juan se puede visitar la Cueva de los Chapiles, en la que antiguamente se almacenaba maíz y frijol. La caminata dura 4 horas y es guiada por un lugareño. Si se sigue el río se llega a una cascada rematada por una poza en la que se puede nadar.
Río Escanela, en el municipio de Pinal de Amoles, tiene una cañada por la cual baja el agua cristalina del torrente. Además de degustar la gastronomía regional —hay criaderos de truchas— se puede convivir con los lugareños. Cuenta con zona de campamento, comedor, guías y renta de casas de campaña.
El paisaje incluye centenarios álamos, encinos y nogales que dan cobijo a guacamayas verdes, entre otros pájaros. Las actividades que se pueden practicar aquí son senderismo interpretativo, observación de aves, cañonismo, ciclismo de montaña, espeleología y campismo. De enero a julio se puede seguir el curso del río y, tras pasar por pozas y cascadas, llegar hasta el Puente de Dios, una cueva de estalagmitas y estalactitas originadas por la erosión causada por el agua. Tiene una longitud de 50 metros y hay que caminar durante una hora para alcanzarla.
Alturas petrificantes
Cuatro Palos es un pueblecito habitado por apenas 40 familias, siempre con los cachetes rojos de frío. Se encuentra a 2,700 metros sobre el nivel del mar, lo cual permite ver el horizonte puntuado por un sinfín de montañas, entre ellas el Cerro de la Media Luna. En invierno caen fuertes nevadas que dan a los cerros vistas espectaculares. En días despejados se alcanza a ver la cuenca del río Extoraz y las cordilleras aledañas.
Al recorrer a pie Cuatro Palos se pueden apreciar, por un lado, los bosques templados de las zonas altas de la Sierra Gorda, y por otro la aridez de los matorrales del semidesierto. La comunidad cuenta con una cafetería hecha de piedra en la que sirven comida típica. Hay servicio de guías para las caminatas y renta de casas de campaña y bolsas para dormir.
Para llegar se toma la carretera San Juan del Río-Xilitla y en el paraje conocido como La Cañada se toma una desviación a la izquierda; aproximadamente 7 kilómetros después hay que seguir un tramo de 45 minutos de camino de terracería muy empinado, pero el paisaje bien vale la pena.
El mayor atractivo de Santa María de los Cocos es el imponente Sótano del Barro, una formación geológica única por sus características y tamaño que se originó hace 1.5 millones de años. Su boca tiene una altura de 1,860 metros sobre el nivel del mar y 420 de diámetro en su eje mayor. La profundidad máxima es de 455 metros, de los cuales 410 son de caída libre. Es uno de los sótanos más grandes y profundos del mundo y su vista es capaz de asombrar a cualquier mortal y petrificar a quienes le temen a las alturas.
Sótano de guacamayas
La zona es refugio de la última colonia en el centro de México de guacamayas verdes, una especie seriamente amenazada de extinción. Para admirar la espectacular salida mañanera que en parvada hacen las 40 parejas de guacamayas que habitan el sótano hay que levantarse antes de las 3 de la mañana y realizar una caminata ascendente de 3 horas por el cerro.
Uno de los factores por el que las guacamayas están en peligro de extinción es su fidelidad, explica Roberto Pedraza, del Grupo Ecológico Sierra Gorda: —Forman parejas de por vida y si una guacamaya se queda viuda nunca se vuelve a aparear —dice—. Se reproducen cada 2 años, pero si hay poco alimento por ser un año de sequías, prefieren no tener polluelos.
La presencia de estas 40 parejas de guacamayas fue la razón para que, una vez declarada Reserva de la Biosfera la Sierra Gorda, el Sótano fuera designado “zona núcleo”, lo que ha limitado y ordenado la entrada de espeleólogos para no perturbar a las aves. La comunidad cuenta con albergue con todos los servicios: comedor, guías, renta de casas de campaña y renta de animales para carga, así como caballos adicionales para montar en las visitas al Sótano, si se prefiere no caminar.
Aunque La Trinidad se encuentra en territorio de San Luis Potosí forma parte de la Reserva y es un lugar idóneo para la observación de aves como el chivizcoyo, la pava cojolita, venados cola blanca, pumas y tigrillos.
Pinal de Amoles, por su parte, es un pequeño poblado de coloridas viviendas y calles rústicas. Tiene una altura de 2,450 metros sobre el nivel del mar y su clima es frío. El pueblo, que se localiza en el kilómetro 135 de la carretera federal San Juan del Río-Xilitla, está rodeado de bosques y en ocasiones queda sumergido en la espesa neblina que lo envuelve de octubre a marzo, lo que le da una personalidad misteriosa y una bella panorámica de cerros boscosos y altas montañas. Cerca se encuentra Puerta del Cielo, un punto que de tan alto parece muy próximo a la bóveda celeste.
La cercana Cascada de Chuvejede, de más de 35 metros de altura, cae en una poza que desemboca en el río Escanela. En la época de lluvias la caída crece y la vista es impresionante. Cuenta con senderos para caminatas dentro de una zona arbolada por la que cruza un arroyo. Tiene áreas para acampar, baños y estacionamientos. Se encuentra ubicada en el municipio de Pinal de Amoles, en el kilómetro 160 de la carretera San Juan del Río-Xilitla.
Trabajar para conservar
Martha Isabel Ruiz Corzo, directora de la Reserva, dice que en 20 años de trabajo han conseguido levantar una ola de actividades a favor de la tierra. Se ha tomado en cuenta a las comunidades, que en su mayoría viven en la pobreza extrema: —En lugar de prohibirles actividades productivas, les damos herramientas para que desarrollen otro tipo de economía y valoren el bosque —explica.
La población se ha visto beneficiada con fuentes de empleo y nuevas habilidades como carpintería y diseño de las cabañas rústicas donde se albergan los visitantes, además de la elaboración de productos deshidratados y el manejo y administración de ranchos cinegéticos, la apicultura, la acuicultura y el ecoturismo.
Fruto de lo anterior, los paseantes pueden comprar conservas de frutas y mermeladas preparadas por mujeres de la comunidad de Concá, bordados con motivos de la naturaleza en La Colgada, cerámica de Soledad de Guadalupe (muy cerca de Jalpan), y vinos y licores de frutas como membrillo y zarzamora, elaborados en Pinal de Amoles.
Para Ruiz —que hace 20 años se retiró a descansar a Jalpan luego de ser maestra de música por varias décadas, y que al ver el desorden se unió al grupo Conservación Sierra Gorda— impartir los talleres ha mejorado la vida en la Reserva: —La cacería ilegal ha desaparecido y aumentó la población de pumas, jaguares y venados, por ejemplo —dice—. La conservación no tiene por qué ser tiesa y prohibitiva. La gente tiene que vivir, trabajar y progresar de su bosque y qué mejor que hacerlo ofreciendo servicios turísticos enmarcados en una fastuosa vista serrana.